Capítulo 13: Un presidente por accidente

Ser presidente del C.D. San Fernando siempre ha sido tarea de locos. Una locura azulina. Año 1961. Martínez Doblas tomaba la decisión de abandonar la presidencia del club. Fue una decisión inesperada. Le sucedieron varias juntas para asumir la dirección del club decano de la 2ª División, llamado así porque era el equipo con más temporadas en esta categoría.

Pasaban los días y las semanas y la silla presidencial de la calle Serrano número 6 continuaba sin dueño. Nadie se atrevía a dar el paso. La cantidad que tenía paralizado al club era de 500.000 pesetas. No era elevada, pero lo suficiente para no dar el paso. La Federación Española de Fútbol se puso en contacto con la junta gestora advirtiendo, en tono amenazador, de la anomalía de la situación. La disyuntiva federativa: ¿presidente o desaparición? La necesidad apremiaba. Saltaban las alarmas en la Isla de León.

El alcalde García Ráez tomó la determinación de afrontar la situación del primer equipo de la ciudad. Realizó una convocatoria con unas cincuenta personas influyentes y aficionadas al Club Deportivo. La idea estaba clara en la reunión. De allí se salía con un presidente. Uno de los convocados realizó la propuesta de colocar el nombre de todos los asistentes y que fuera el azar el que decidiera. La idea fue descartada.

Tras una larga espera, de repente, se escuchó un “yo”. Era la voz de José Sevillano, “Pepín” para los amigos. Él había ejercido de vocal en la anterior junta directiva. Nunca tuvo la pretensión de ser presidente, ni siquiera se le había pasado por la cabeza. Su amor al club le empujó a dar el pasito necesario. En la propia reunión el nuevo presidente realizó una condición sine qua non a García Ráez: no hacerse cargo de la deuda de medio millón de pesetas. Si aceptaba, tenía que empezar con cero pesetas de deuda. Aceptada la petición, finalizó con buen término la reunión de azulinos. La fumata azulina anunciaba el “habemus presidente”: José Sevillano Pérez.

Pepín llegó a su casa de la calle Doctor Cellier. Su mujer, Dolores, le abrió la puerta y él la saludó con las siguientes palabras textuales: “Loli, te saluda el nuevo presidente del C.D. San Fernando”. La cara de Loli debió ser un poema. “No es ninguna broma”, respondió Pepín.

Al día siguiente acudió con puntualidad británica a una reunión con el alcalde García Ráez, que le abonó el dinero de la deuda. Salió satisfecho de la palabra del alcalde isleño. Recordemos que García Ráez estuvo al frente de la alcaldía desde 1947 hasta 1968. El nuevo presidente guardó el dinero en el interior de su camisa, no vaya a ser que algún desalmado pudiera robarle. Se dirigió a su casa, lo más veloz que pudo y guardó el dinero en un armario. La cantidad abonada fue un dinero a fondo perdido que habían entregado gente influyente en La Isla.

Todos los comienzos son difíciles. Le tocó tomar decisiones drásticas, tanto en lo económico, como en lo deportivo. Se rodeó de gente muy válida y de su máxima confianza. Dos vicepresidentes: Ángel Baleato (expresidente del club) y Juan Márquez (propietario de muebles Márquez). Al mismo tiempo confió en la contabilidad de Juan Mossig, aunque este no quiso entrar como directivo.

Uno de los primeros pasos fue contratar a Manuel Soler como entrenador y dar la baja a un ídolo como Lolín. Recibió muchas críticas por parte de los aficionados. Se le quiso bajar la ficha y el central gallego no lo consintió. Aparte ya contaba con 35 años. Para cubrirlo se fichó a otro central de categoría, Echarri.

Sevillano fue un presidente de transición. Solo estuvo una temporada, pero el trabajo que realizó en este periodo de tiempo fue espectacular e impagable. Un gran servicio en tan solo una campaña. Nuestra charla ya hace unos años con él fue toda una fuente de curiosidades y anécdotas.

Un representante de futbolistas apodado “Manolete” le indicó que en el Cuartel de Instrucción había llegado un enorme central barcelonés (que también jugaba de delantero centro) que procedía del equipo del Condal. Allí se fue el presidente con su moto para convencerlo. Gran acierto. Ya en otro capítulo contaremos la desdichada muerte de Martínez Fabré.

Traspasó a Mariano Ayán al Sevilla F.C. por una cifra de medio millón de pesetas. Al principio el conjunto hispalense rechazó la cantidad por considerarla elevada. “Nos levantamos y nos fuimos. Esperamos fuera. Al cuarto de hora salieron y aceptaron la propuesta”, así nos contó personalmente el propio Pepín Sevillano. De allí salió con el cheque dirección San Fernando. Buena cantidad para una economía maltrecha.

La temporada deportiva se consiguió salvar. Una espectacular racha final nos concedía la tregua de la promoción de descenso, pero al menos se evitaba el descenso directo. En la promoción se superó al Avilés y, por ello, el C.D. San Fernando continuaba una temporada más en 2ª División.

El 10 de junio de 1961 Don José Sevillano decidió presentar la dimisión, tras haber salvado una situación dramática. El 22 de junio de 1963 fue elegido presidente Cayetano Fernández Mijares, exdirectivo.

Se puede decir que Pepín Sevillano fue presidente casi por accidente. ¿O quizás héroe por accidente? Pepín sigue en la actualidad viviendo en su casa de siempre y con una memoria prodigiosa.